Llegar a la etapa en la que hay que dejar a un lado los paseos, los juegos, tiempos libres, reuniones con amigos, etc., para ir a la universidad y convivir en residencias estudiantes, puede ser un proceso duro para algunos, pues es el momento de enfrentarse a nuevos retos y alcanzar el éxito profesional.

La madurez y el crecimiento conllevan un revuelo de emociones, no obstante, no tiene por qué ser complicado, hay que recordar que todo depende de nuestra perspectiva y actitud. En primer lugar, debemos enfocarnos en los aspectos positivos, además, constantemente estamos evolucionando, tanto personalmente como físicamente, entonces ¿por qué huir de una de las etapas más bonitas como lo es la llegada a la universidad?

Vivir en una residencia estudiantil e ir a la universidad es mucho más beneficioso de lo que podemos creer, no solo por la parte académica y profesional, también nos ayuda a avanzar personalmente. ¿A caso siempre viviremos con nuestros padres y dependeremos toda la vida de ellos? ¿Cuándo nos atreveremos a crecer?

La vida universitaria significa libertad e independencia, poder salir cuando queramos, organizar las cosas a nuestra manera y conocer personas que nos acompañaran por un largo tiempo, por lo que podrán surgir muchos vínculos de amistad.

Asimismo, tenemos la ventaja de definir nuestra verdadera personalidad, pues al no depender de los padres y salir de nuestra zona de confort, nos motiva a desenvolvernos por cuenta propia, a aprender qué es lo que nos gusta o no, a confiar en nuestras capacidades y responsabilizarnos por nuestro bienestar.

Si tener una profesión es lo que realmente deseamos, vivir en un campus no será un problema, al contrario, es el mejor lugar para estar en contacto con el conocimiento, así que podremos tener un mejor rendimiento académico y facilidades para aprender buenas técnicas de estudio.

Constantemente nos enfrentamos a cambios, per